La mayoría de los problemas dentales no aparecen de golpe. Se forman poco a poco por tres causas muy comunes: placa que se queda en los dientes, azúcar que llega a la boca con demasiada frecuencia y poco flúor. Con unos cinco minutos al día y algo de atención a lo que comes y bebes, puedes prevenir gran parte de ellos. La mejor rutina no es la más complicada, sino la que de verdad vas a mantener.
¿Cuál es la rutina más sencilla para prevenir problemas dentales?
Cepíllate dos veces al día durante dos minutos con pasta con flúor, limpia entre los dientes una vez al día y ve al dentista con la frecuencia que él te indique. Lo demás es un complemento.
El cepillado de la noche es el más importante, porque mientras duermes producimos menos saliva y la placa trabaja durante horas. Al terminar, escupe la espuma pero no te enjuagues con mucha agua: esa fina capa de pasta mantiene el flúor en contacto con el esmalte un poco más. Si solo tienes energía para una limpieza a fondo al día, que sea la de antes de dormir.
¿Qué hábitos merecen el esfuerzo?
Limpiar entre los dientes es lo que más gente se salta y lo que más se nota. Las cerdas del cepillo no llegan a las caras donde un diente toca al otro, y ahí suelen empezar las caries y los problemas de encías. Elige la herramienta que sí vayas a usar: hilo dental, un cepillo interdental si tus espacios son abiertos, o un irrigador si el hilo te da pereza cada noche.
Usa un cepillo suave y movimientos cortos y delicados, con el cepillo inclinado hacia la encía. Frotar fuerte no limpia mejor; desgasta la encía y puede dejar los dientes sensibles. Un cepillo eléctrico ayuda si cepillas con prisa, porque marca el ritmo, pero uno manual bien usado funciona igual de bien.
- Cambia el cepillo cuando las cerdas se abran, o después de una enfermedad.
- Deja el hilo o los cepillitos a la vista, no en un cajón.
- El enjuague bucal es opcional y no sustituye el cepillado ni la limpieza entre dientes.
¿Cómo influyen la comida y las bebidas?
Importa más cuántas veces al día tomas azúcar que cuánta tomas. Una galleta después de la cena daña menos que un café azucarado que bebes a sorbos durante dos horas, porque cada sorbo reinicia el ataque ácido al esmalte. Si te gusta una bebida dulce, tómala con la comida, termínala y luego bebe agua. Hablamos del tema con más detalle en azúcar y caries.
Las bebidas ácidas, como los refrescos, las bebidas deportivas y el agua con gas con limón, ablandan el esmalte por un rato. Enjuágate con agua simple y cepíllate un poco después, no justo al terminar.
¿Qué conviene revisar cada semana?
Dedica treinta segundos frente al espejo, con buena luz. Fíjate en encías que sangran o se ven hinchadas y rojo oscuro, manchas blancas o marrones nuevas cerca de la encía, un diente que se siente áspero o sensible de repente, o un mal sabor que no se quita al cepillarte. Si lo detectas pronto, casi siempre es fácil de resolver.
Si el sangrado sigue después de una o dos semanas de limpieza cuidadosa, no lo dejes pasar: mira cuándo pausar y cuándo pedir cita. Una inflamación, un granito en la encía o un dolor que te despierta de noche están entre las señales de alerta y piden una visita pronta.
Qué hacer a partir de hoy
- Elige un hábito que todavía no tengas y únelo a algo que ya haces, por ejemplo usar el hilo justo después del cepillado de la noche.
- Durante una semana, toma las bebidas dulces solo con las comidas y observa cómo te va.
- Pide una revisión si pasó más de un año, o antes si notas algo en tu repaso semanal.
Este artículo es información general y no reemplaza una revisión ni el consejo de tu dentista, que conoce tu historial y tu nivel de riesgo.
