El miedo al dentista es muy común y casi nunca se quita con un "tranquilízate". Lo que sí ayuda es tener un plan: decir qué te asusta, acordar cómo parar la consulta cuando lo necesites y organizar el día para llegar con el cuerpo menos tenso. Aquí tienes ese plan, en el orden en que puedes usarlo.
¿Cómo prepararte para ir al dentista si te da ansiedad?
Avisa antes de llegar, al pedir la cita o al registrarte. Basta con decir: "Me pongo muy nervioso/a en el dentista y prefiero que me vayan explicando". Los equipos dentales escuchan esto a diario y suelen ir más despacio.
Decide de antemano tres cosas: una señal para parar (levantar la mano izquierda funciona bien), si quieres que te vayan narrando todo o prefieres silencio, y si quieres ver los instrumentos o no. Tener voz en la consulta le quita mucho de esa sensación de que algo te están haciendo a ti.
¿Qué puedes hacer los días y las horas previas?
Elige la hora en que sueles estar mejor. A quien se angustia todo el día le conviene la primera hora de la mañana; a otros les va mejor al salir del trabajo. Evita encajar la cita entre dos compromisos, porque las prisas suman tensión.
El día de la consulta come algo para no llegar tembloroso/a y modera el café si te acelera el corazón. Cepíllate antes de salir para no preocuparte por el aliento. Lleva audífonos y pregunta si puedes usarlos durante el tratamiento: un pódcast o una lista de música conocida ayuda a muchas personas más que cualquier ejercicio de respiración.
- Llega unos minutos antes, no con mucha anticipación. La espera larga es donde crece el miedo.
- Anota tus preguntas en el teléfono para no cargarlas en la cabeza.
- Lleva la lista de tus medicamentos y de tus condiciones de salud.
¿Qué hacer ya sentado/a en el sillón?
Alarga la exhalación. Inhala por la nariz contando hasta cuatro y suelta el aire por la boca contando hasta seis o más. Una exhalación larga le avisa al cuerpo de que puede relajarse. Cada pocos minutos abre las manos y baja los hombros; casi todos descubren que llevaban rato apretando el reposabrazos.
Pide una pausa cuantas veces la necesites. Un descanso para tragar, moverte o respirar es normal y no molesta al equipo. Si habrá anestesia, puedes pedir que te avisen antes de cada paso: "ahora un pinchazo", "ahora agua". Lo que más incomoda es la sorpresa, y la narración la elimina.
Si una consulta anterior fue dolorosa, cuéntalo y di qué parte. "Me dolió la inyección" y "no podía cerrar la boca" llevan a ajustes distintos. Algunas clínicas ofrecen apoyos para pacientes ansiosos, como gel anestésico antes de la inyección o sedación. Pregunta qué ofrecen y en qué consiste, sin darlo por hecho y sin esperar promesas antes de que te revisen.
¿Y si llevas años sin ir?
Mucha gente evita la consulta por vergüenza de lo mucho que ha pasado. El personal lo ve con frecuencia y el tiempo en sí rara vez los sorprende. Dilo sin rodeos: "Hace mucho que no vengo y estoy nervioso/a". Pide una primera cita solo para revisar y conversar, sin tratamiento ese día. Después decides el siguiente paso con información en la mano.
Esperar no hace más pequeño un problema. Una caries o una encía inflamada se resuelven con menos molestia si se encuentran a tiempo. Si ya tienes dolor, hinchazón o fiebre, no esperes a que se calmen los nervios; en nuestra página de señales de alarma dentales verás qué no debe esperar.
¿Qué hacer a partir de ahora?
Repasa esta lista antes de tu próxima cita:
- Avisa a la clínica de que tienes ansiedad al pedir la cita.
- Acuerda una señal para parar y cuánta explicación quieres.
- Elige un horario tranquilo, come antes y lleva audífonos.
- Haz exhalaciones largas y lentas, y pide pausas.
- Escribe tus preguntas y lleva la lista de medicamentos.
Para los días entre consultas, tienes los consejos diarios y las guías prácticas, y las notas de autoobservación te dan algo concreto que llevar. El sitio MouthHealthy de la Asociación Dental Americana tiene más explicaciones para pacientes (en inglés).
Este artículo es información general. No sustituye una revisión ni el consejo de tu dentista o médico, sobre todo si la ansiedad es tan fuerte que te impide recibir atención.
