El dentista solo puede planear un tratamiento seguro con lo que sabe de ti. Los medicamentos cambian cómo sangras, cómo cicatrizas, cuánta saliva produces y qué anestésicos o analgésicos son seguros para ti. Por eso conviene decirle a tu dentista qué medicamentos tomas en cada visita y avisarle cuando cambie algo, aunque parezca que no tiene nada que ver con los dientes.
¿Por qué decirle a tu dentista qué medicamentos tomas?
Muchos fármacos tienen efectos en la boca que no se adivinan por la etiqueta. Una pastilla para la presión puede resecar la boca o hacer que la encía crezca de más. Un inhalador con corticoide puede dejar la lengua adolorida y con una capa blanca. Algunos medicamentos adelgazan la sangre y hacen que una extracción sangre por más tiempo; otros cambian la respuesta del cuerpo ante una infección.
También funciona al revés. Lo que el dentista receta o usa en el consultorio, como antibióticos, analgésicos o anestesia con epinefrina, puede interactuar con lo que ya tomas. Por eso lo revisa antes de elegir.
¿Qué medicamentos es más importante mencionar?
Todos cuentan, pero algunos grupos cambian el plan con más frecuencia.
- Anticoagulantes y aspirina diaria. Influyen en el sangrado tras extracciones, limpiezas profundas y cirugía de encías.
- Medicamentos para los huesos, por osteoporosis o cáncer. Algunos exigen planear con más cuidado los procedimientos en la mandíbula.
- Medicamentos para la diabetes. Una cita larga con el estómago vacío puede bajarte el azúcar. Lee diabetes y encías.
- Medicamentos del corazón y de la presión. Algunos causan boca seca o cambios en la encía, y ciertas enfermedades cardiacas piden que el dentista hable antes con tu médico.
- Corticoides, inmunosupresores y tratamientos contra el cáncer. Alteran la cicatrización y el riesgo de infección.
- Antidepresivos, antihistamínicos, pastillas para dormir y muchos más. La boca seca es un efecto frecuente y sube el riesgo de caries sin que lo notes. Mira por qué la boca seca aumenta el riesgo de caries.
¿Qué debes llevar a la cita?
Nada de adivinar. Lleva los frascos o una foto de cada etiqueta, o enséñale la lista de la app de tu farmacia o del celular. Anota la dosis y cada cuánto la tomas, porque "una pastilla para los líquidos" dice muy poco.
Incluye lo que casi todos olvidan: analgésicos sin receta, vitaminas, aceite de pescado, productos naturales, inhaladores, parches, inyecciones y lo que tomas solo de vez en cuando. Algunos suplementos, como el aceite de pescado o el ginkgo, pueden influir en el sangrado y casi nadie los considera medicina. Menciona también tus alergias, sobre todo a antibióticos, látex o anestésicos.
¿Debes suspender algún medicamento antes del tratamiento?
No, no por tu cuenta. Dejar un anticoagulante o un medicamento del corazón sin que lo indique el médico que lo recetó puede ser mucho más peligroso que un poco más de sangrado. Si el dentista cree que conviene un ajuste, hablará con quien te lo recetó y la decisión se toma entre todos.
Avisa al consultorio de inmediato si tu lista cambia entre visitas, si empiezas una receta nueva o si tuviste una cirugía, un diagnóstico nuevo o un embarazo. El formulario del año pasado se queda viejo más rápido de lo que se cree. Si dudas de si algo cuenta, dilo igual: una pregunta de más no cuesta nada y un dato que falta sí puede costar.
Antes de tu próxima visita
- Escribe o fotografía tu lista completa de medicamentos y suplementos, con dosis.
- Apunta cualquier síntoma nuevo en la boca, como sequedad, llagas o encías que sangran.
- Pregunta si algo de la lista cambia el tratamiento o lo que te pueden recetar con seguridad.
Este artículo es información general y no sustituye el consejo de tu dentista ni del médico que te receta los medicamentos.
